Los Wallabies llegan al primer test ante Los Pumas con dos victorias consecutivas sobre Japón, pero todavía muestran aspectos de su juego que pueden ser atacados. La transición hacia el sistema de Les Kiss, las dudas en algunas posiciones y ciertas situaciones defensivas aparecen como oportunidades para Argentina este sábado en Jujuy.
Los Pumas recibirán este sábado a Australia en el estadio 23 de Agosto de San Salvador de Jujuy, en el primer partido de una serie de dos Test Matches. Los Wallabies llegan fortalecidos por sus dos victorias ante Japón —35-32 en Osaka y 56-17 en Townsville—, pero el salto de calidad que representa Argentina obligará al equipo de Les Kiss a demostrar que los avances mostrados en la serie anterior pueden sostenerse ante una oposición mucho más exigente.
El nuevo entrenador australiano está intentando modificar la identidad del equipo. El objetivo es combinar un rugby más directo con una mayor utilización del ancho de la cancha. Y justamente ahí aparece una de las primeras oportunidades para Los Pumas: Australia todavía está buscando el equilibrio de su nuevo sistema ofensivo.
Ben Donaldson, uno de los conductores de los Wallabies, lo reconoció públicamente esta semana. El apertura explicó que el equipo intenta encontrar un punto intermedio entre llevar la pelota hacia afuera y atacar por el centro, y admitió que Australia no puede jugar siempre abierto.
“Estamos tratando de encontrar nuestro equilibrio”, explicó Donaldson, quien además señaló que deben ser capaces de jugar directo antes de abrir espacios para los backs.
Ese reconocimiento es importante porque marca un posible camino para la defensa argentina. Si Los Pumas consiguen negar las primeras opciones de ataque, Australia puede verse obligada a abandonar sus patrones iniciales y tomar decisiones con menos tiempo y espacio.
1. La defensa australiana todavía está en construcción
Kiss asumió el cargo recientemente y apenas dirigirá su tercer Test al frente de los Wallabies cuando enfrente a Argentina. El propio entrenador explicó que las últimas semanas fueron utilizadas para incorporar modificaciones, especialmente en defensa.
Eso no significa que Australia tenga una mala defensa. De hecho, el equipo mostró una evolución importante durante la serie ante Japón. Pero sí significa que el sistema todavía está en proceso de consolidación, y Los Pumas pueden intentar llevarlo a situaciones que no sean las previstas.
El primer partido contra Japón ofrece un dato interesante. Australia terminó ganando 35-32, pero concedió 22 tackles fallados y 16 pérdidas de posesión. Japón, además, consiguió nueve quiebres limpios.
Una semana después, Australia fue mucho más contundente y venció 56-17. Sin embargo, todavía concedió 15 pérdidas de posesión y registró 14 tackles fallados.
La diferencia estuvo en que los Wallabies lograron controlar mucho más el territorio y la posesión.
Para Argentina, la lectura es clara: no alcanza con esperar el error australiano. Hay que generar escenarios que obliguen a Australia a defender durante varias fases, cambiar de dirección y tomar decisiones constantemente.
2. El juego aéreo puede ser una de las principales armas argentinas
Uno de los puntos más concretos señalados por RugbyPass aparece en los extremos australianos.
El medio especializado sostiene que Australia todavía no encontró una combinación de wingers que garantice una dominancia aérea constante. Max Jorgensen, Harry Potter, Dylan Pietsch y Filipo Daugunu ofrecen diferentes características, pero ninguno se consolidó todavía como una referencia aérea indiscutida.
Para Los Pumas, esto abre una posibilidad evidente: que las patadas no tengan solamente un objetivo territorial, sino que sean utilizadas como una herramienta para atacar la recepción.
Argentina cuenta con jugadores capaces de disputar esas pelotas y transformar una patada en una plataforma ofensiva. Si la persecución llega coordinada, una recepción incómoda puede convertirse en una recuperación en campo australiano.
Es un aspecto especialmente interesante porque Australia mostró que puede utilizar el juego aéreo para ganar territorio. En el segundo partido ante Japón, los Wallabies dominaron ese aspecto y lo utilizaron para instalarse en campo rival.
Los Pumas pueden intentar invertir esa ecuación: obligar a Australia a recibir bajo presión en lugar de permitirle utilizar la patada como herramienta de control.
3. El regreso de Suaalii genera una zona para estudiar
Joseph-Aukuso Suaalii volverá al equipo australiano después de perderse el segundo partido ante Japón por una lesión muscular. Les Kiss confirmó que continuará utilizándolo como número 13.
Su capacidad individual está fuera de discusión. El problema para Australia es que su presencia también forma parte de una combinación de centros que todavía está buscando estabilidad.
Len Ikitau vuelve después de una lesión, Hunter Paisami tuvo buenas actuaciones ante Japón e Isaac Henry aprovechó su oportunidad como titular en el segundo partido. Eso generó una competencia interna entre varias alternativas para las posiciones 12 y 13.
Ikitau incluso reconoció públicamente su versatilidad y se mostró dispuesto a jugar tanto de 12 como de 13 o incluso desde el banco.
Para Los Pumas, esto puede traducirse en una oportunidad táctica: atacar la comunicación y las decisiones del sistema defensivo australiano en lugar de buscar individualmente a un jugador determinado.
El caso de Suaalii merece especial atención. Durante el primer partido ante Japón tuvo una acción defensiva cuestionada que terminó contribuyendo a un try japonés, y posteriormente sufrió una lesión que lo dejó fuera del segundo encuentro. Las críticas sobre su ubicación en el campo incluso provocaron un debate en Australia sobre si debería jugar en el back three. Kiss, sin embargo, decidió mantenerlo como centro.
Eso no convierte automáticamente a Suaalii en un punto débil. Sí convierte al canal 13 en una zona que Argentina puede intentar poner bajo presión, especialmente mediante cambios de dirección, movimientos de segunda fase y ataques que obliguen a tomar decisiones al sistema defensivo completo.
4. La profundidad también puede ser puesta a prueba
Otra cuestión que aparece en el análisis de RugbyPass está en la primera línea.
Australia cuenta con un scrum que funcionó muy bien contra Japón: tuvo alto porcentaje de efectividad en sus formaciones en ambos partidos. Por eso, el scrum no debería ser presentado como una debilidad evidente de los Wallabies.
Sin embargo, RugbyPass señala una cuestión más específica: Australia todavía busca una alternativa de nivel internacional que pueda darle profundidad a Angus Bell como pilar izquierdo. Aidan Ross e Isaac Kailea aparecen como jugadores que todavía deben consolidarse.
Por eso, el objetivo argentino puede ser otro: llevar el partido a un escenario de desgaste y comprobar cómo responde Australia cuando comiencen las rotaciones.
No se trata necesariamente de atacar el scrum como única vía, sino de utilizar el contacto, las fases y la presión territorial para aumentar progresivamente el costo físico del partido.
5. El antecedente que Australia no quiere repetir
Hay un antecedente que puede funcionar como referencia para Los Pumas.
En 2024, Argentina derrotó a Australia 67-27 en Santa Fe después de comenzar perdiendo 20-3. Los Wallabies se derrumbaron en la segunda mitad y concedieron nueve tries. Fue la mayor cantidad de puntos recibida por Australia en un Test.
La diferencia estadística fue contundente: Argentina terminó con 780 metros contra 493 de Australia, 14 quiebres limpios contra seis y 17 offloads contra apenas dos.
Joe Schmidt, entonces entrenador australiano, atribuyó aquella caída a la juventud y a la falta de profundidad del plantel.
El equipo de 2026 es diferente, pero el antecedente deja una enseñanza: si Los Pumas consiguen mantener el partido físico y parejo durante una hora, Australia tendrá que demostrar que puede sostener la concentración y la intensidad durante los 80 minutos.
6. Los propios Wallabies reconocen el desafío
Hay, además, una señal interesante que llega desde el propio campamento australiano.
Les Kiss no minimizó a Los Pumas. El entrenador definió a Argentina como un equipo “peligroso” y destacó su capacidad para generar situaciones de ataque en cuestión de segundos. También remarcó el talento individual del seleccionado argentino.
Donaldson, por su parte, describió el viaje a Argentina como un desafío importante para la confianza y la cohesión del equipo, mientras que Ikitau reconoció que los Wallabies necesitan ser más consistentes en su funcionamiento.
Son declaraciones que permiten entender el momento australiano: llega con confianza, pero todavía está construyendo certezas.
Y ahí puede estar la oportunidad argentina.
La fórmula de Los Pumas
Los Pumas no necesitan convertir cada uno de estos aspectos en una debilidad absoluta de Australia. El objetivo debería ser mucho más preciso: identificar dónde los Wallabies todavía no tienen respuestas completamente consolidadas y obligarlos a jugar fuera de su zona de confort.
Tres caminos aparecen como prioritarios:
Presionar la salida australiana, para impedir que pueda ejecutar cómodamente sus primeras opciones.
Atacar el juego aéreo, utilizando patadas profundas pero acompañadas por una persecución agresiva que transforme la recepción en una situación defensiva.
Llevar el partido al contacto y al desgaste, especialmente para comprobar la profundidad australiana y obligar a sus backs a defender durante muchas fases.
Australia tiene velocidad, potencia y jugadores capaces de castigar cualquier error argentino. Por eso, Los Pumas no pueden regalar pérdidas de pelota ni permitir espacios detrás de la primera línea defensiva.
Pero los Wallabies también llegan a Jujuy con un sistema que todavía está en construcción. El propio Donaldson admite que buscan el equilibrio; Kiss reconoce que todavía están incorporando modificaciones defensivas; y la competencia interna en el centro demuestra que algunas combinaciones todavía están en proceso de consolidación.
La clave para Los Pumas será transformar esas dudas en problemas durante los 80 minutos.
Porque si Argentina consigue que Australia no pueda jugar con comodidad, que sus extremos reciban bajo presión, que sus centros tengan que defender constantemente cambios de dirección y que sus forwards deban sostener el desgaste durante todo el partido, los Wallabies tendrán que demostrar algo que todavía están construyendo bajo Les Kiss: que pueden mantener su nuevo rugby cuando el rival les quite el tiempo y el espacio.
Y ese puede ser el escenario que Los Pumas busquen construir este sábado en Jujuy.
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