Cheslin Kolbe, una de las figuras del seleccionado sudafricano de rugby, habló sobre las dificultades que atravesó durante su infancia en Scottsville, Kraaifontein, en las afueras de Ciudad del Cabo. En una entrevista con el podcast For the Love of Rugby South Africa, conducido por el exjugador Steven Kitshoff, contó que los disparos y los enfrentamientos entre pandillas formaban parte de su vida cotidiana mientras jugaba al rugby en las calles.
Al recordar aquella etapa, Kolbe explicó que la violencia era parte de la realidad con la que convivía en su entorno. La delincuencia, las drogas y la falta de oportunidades marcaban la vida de muchos jóvenes de la zona, una situación que dejó una huella en su historia personal.
Una familia clave para su camino
En ese contexto, el acompañamiento de sus padres fue fundamental para que pudiera mantenerse alejado de la delincuencia. Kolbe destacó la influencia de su familia y el papel del rugby como una alternativa frente a un entorno que podía empujar a los jóvenes hacia las pandillas o el tráfico de drogas.
El jugador también reflexionó sobre la cantidad de chicos con talento que no consiguen desarrollar su potencial debido a la falta de oportunidades. En su caso, el deporte le permitió construir una carrera profesional y llegar a lo más alto del rugby internacional.
Dos Mundiales y una responsabilidad fuera de la cancha
El camino de Kolbe lo llevó a convertirse en bicampeón del mundo con Sudáfrica, tras conquistar las Copas del Mundo de 2019 y 2023. Sin embargo, su historia no se limita a los títulos: también representa una oportunidad para acompañar a quienes crecen en condiciones similares a las que él conoció.
A través de la Fundación Cheslin Kolbe, el jugador busca contribuir al desarrollo de los jóvenes y ampliar sus oportunidades. Su mensaje destaca la importancia de contar con adultos presentes que acompañen y orienten a las nuevas generaciones.
Kolbe considera que el lugar de origen no debe determinar hasta dónde puede llegar una persona. Su historia refleja cómo el acompañamiento familiar, la perseverancia y una oportunidad pueden abrir un camino diferente.
Su recorrido vuelve a poner en primer plano el papel social del deporte. Además de formar jugadores y competir al máximo nivel, el rugby puede ofrecer un espacio de pertenencia, abrir oportunidades y convertirse en una herramienta para construir un futuro diferente.